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domingo, 1 de noviembre de 2015

CAPITULO 3-LOS ELOHIM Y LA SERPIENTE EMPLUMADA.


Hemos llegado así a 2.953.000 de años atrás.

En esta época el planeta Tierra tiene tres satélites: La Luna y otros dos con un diámetro menor.

Ahora la morfología del mundo es muy diferente de como lo es hoy. El geoide, de hecho, rota alrededor a un eje que tiene en los extremos polares el actual Monte Everest al norte y las tierras del altiplano boliviano al sur.

Imaginándolo así se puede bien comprender cuán diverso era este tiempo y su rostro, su delineaciones, antes de que se verificase el gran cataclismo.
Lo que sucedió en este tiempo fue causado por la convulsión principal de un ciclo septenario de su cosmológico desarrollo. El crecimiento y el desarrollo del mundo son de naturaleza cosmológica y por tal motivo no se puede demostrar tan simplemente como se puede imaginar.

Mientras a nosotros las convulsiones más críticas del crecimiento vienen en ciclos de tiempo que van de siete en años en siete, muy diferentes son las convulsiones del planeta cuyos ciclos septenarios van de 700 millones de años en 700 millones, divididos en otros tantos ciclos septenarios de menor intensidad emotiva.

En el mapa (Figura 25) distinguimos los dos polos, el continente MUT y el continente CIÀ. El primer continente, cuyo nombre real es MU-Tolteca, es la cuna de la más potente raza humana de piel rojo-oscuro.


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Figura 25 – Mut y Cià.

En el continente CIÀ los hombres de piel color mimosa viven felizmente y ricos de todas las conquistas de la ciencia. De este ultimo queda hoy alguna cosa: La actual Borneo, las Filipinas, Sumatra no son otra cosa que las vértebras retorcidas y despedazadas de aquella inmensa zona de tierra en este tiempo pobladísima, prospera en el arte y en las ciencias. Y finalmente el otro continente donde los pueblos de piel rubia viven, en la más estupenda de las tierras del mundo, la historia de todas las artes divinas.

Groenlandia y gran parte de las islas del Alto Canadá os dicen cual ha sido la gélida agonía del inmenso continente desaparecido bajo el manto del blanco descanso.

El continente MUT ocupa el centro del planeta y el continente CIÀ es contiguo.

En este tiempo hay extensiones de tierra enormes sin ser colonizadas.

Alrededor de 2.000.000 de años atrás sucede el desastre.

Para demostraros, de forma real, la convulsión, imaginar de ver un niño que se deleita en inflar con un tubito una común pompa de jabón. Esta, por el efecto del soplo, se infla mientras el niño sopla, se dilata continuamente alargándose sobre sus extremidades, cogiendo una forma más o menos oval. Pero imaginar qué es lo que sucede cuando el niño, durante un momento de tiempo, deja de inflar la pompa de jabón ahora ya grande y bastante ovalada: La pompa de jabón se contrae para asumir la forma esférica mientras toda la superficie está obligada a moverse desordenadamente para adaptarse a un nuevo eje y por tanto a un nuevo equilibrio.

Así es que hace 2.000.000 de años, a causa de la caída del satélite TIR en la zona actual del Océano Pacifico, ocurrió la destrucción casi total del continente MUT, ocurriendo después la fuga del eje polar de 45º hacia el este con consecuencias desastrosas.

Sucedió una terrible contracción de toda la superficie del globo  que provoca afectos de indescriptibles consecuencia, tales como para mutar radicalmente la posición de los mares y de los continentes. Gran parte de estos se convierten en un bloque homogéneo de corteza terriblemente retorcida y comprimida por el titánico choque.

Los mares, en movimiento confuso, cabalgan y cubren gran parte de la superficie terrestre (figura 26).

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Figura 26 – Supervivientes de los pueblos.

Las zonas que mayormente sufren el enorme impacto y las terribles compresiones han quedado, para todo el tiempo futuro, como la imagen real del terrible caos apocalíptico.
Grandes montañas se forman e inmensas tierras submarinas emergen a la luz del opaco sol. El globo de hecho viene envuelto de densísimas nubes de vapor de agua producidas por el continuo impacto del fuego de los volcanes en erupción con el agua.

El 79% de la corteza terrestre es cubierta por las aguas. Los Alpes, los Montes Urales, los Alpes Escandinavos, los Altiplanos de Asia Menor, de irán, del Caucaso hablan el mismo lenguaje, mientras que nos dicen aún más las Montañas del Himalaya donde el choque tiene más tremendos efectos, tales como para reducir a trozos gran parte del vasto y poblado continente CIA.

Muy poco quedó y las actuales Islas de Sonda, Filipinas, Borneo, Sumatra, etc., son aún hoy el cuadro real del gran y civil continente destruido.

Pero no menos importantes son las grandes elevaciones que se verifican en este trágico cataclismo en las zonas de América del Sur, de América del Norte y África.

Aparecen todavía hoy mudos, envueltos en una arcana fascinación que sabe del misterio y del terror. La Gran Cordillera de los Andes a occidente y los Altiplanos de Méjico, el Altiplano de Utha y las Montañas Rocosas se muestran meticulosamente también ellas misteriosas, mientras en el África Occidental, en el místico país del antiguo rostro, las altura de Etiopía, de Kenia, del Tanganica están aún allí con todo el prestigio de su fuerza.

Y aún más al occidente de África tenemos el Altiplano de Bihe (Angola), del Monte Camerún, del Alto Atlántida al noroeste y el Grande Atlántida. La masa ígnea del geoide, furiosamente turbada en su quietud, tiene también esta su parte en las formaciones montañosas y volcánicas por la enorme presión por esta ejercida en la completa y entera corteza terrestre. Pero el mundo, muy diferente en el rostro y en los miembros, comienza su nuevo camino evolutivo sobre el sendero de las Leyes Macrocósmicas del Universo.

La aterrorizada humanidad de este tiempo, diezmada por la indescriptible fuerza de la naturaleza, golpeada sin poderse dar cuenta de un flagelo apocalíptico de un carácter catastrófico excepcional, comienza el duro camino de la supervivencia, consciente interiormente de una historia que jamás el mundo en la generaciones futuras podrán eliminar de su Espíritu. El camino se vuelve más duro que nunca porque el geoide en asentamiento mueve todavía sus miembros, erizando y extendiendo su dura epidermis.

El mundo comienza su nuevo camino rotando alrededor del nuevo eje.

El nuevo equilibrio les permite iniciar, aunque lentamente, el efecto de la dilatación. Su esfericidad se va poco a poco extendiendo del centro. Las aguas en un primer tiempo apelotonadas son obligadas a invadir y sumergir gran parte de la corteza terrestre, se van poco a poco retirando.

La extensión se verifica del modo más racional. Las masas de las inmensa zonas de tierra que se volvieron una homogeneidad confusa y retorcida, por los efectos de la reciproca compresión, se extienden también ellas separándose y creando así vorágines y depresiones. Las aguas se precipitan en los puntos más bajos dejando de tal forma las zonas más altas. Mientras tanto, mientras todo se asienta y mientras cada cosa retoma su camino, una nueva amenaza se perfila en el horizonte. Los nuevos continentes que durante millones de años llevaban el gravoso y pesante manto blanco de los glaciares, emigrados hacia el ecuador por el efecto del desplazamiento del eje terrestre, comienzan a liberarse de la enorme carga.
  
El cambio de la temperatura no permite ya más la posibilidad de vida de los glaciares. Se verifica entonces una nueva catástrofe.

Los glaciares comienzan a licuarse recorriendo un largo recorrido por las pendientes y las costas, trazando bastos canales naturales (morenas), formando lagos y provocando una terrorífica inundación. Es como un gran diluvio desenfrenado y amenazador.

Mientras esto sucede en los continentes emigrados hacia el Ecuador, otra suerte se perfila para aquellos mares y continentes que por el mismo efecto se encuentran en los casquetes polares: El frío y el hielo los abraza quien sabe por cuanto tiempo, en un abrazo gélido.

Mientras, el geoide se dirige cada vez más hacia la normalización mientras el alba de una nueva humanidad tiene inicio con los supervivientes de la catástrofe sobre las más altas montañas del mundo, en inmensas cavernas, con la extrema esperanza de sobrevivir.

Mientras que en tanto, cada cosa vuelve al orden superior del re-asentamiento sobre el nuevo rostro del mundo, los supervivientes de las diversas razas sobrevividas al Apocalipsis, comienzan extenuados largas emigraciones de las zonas que los han dejado vivos, peregrinando entre las trampas de la naturaleza vuelva primitiva y selvática.

En sus rostros y en sus ojos permanece viva la imagen del terror, mientras que apenas afloran en sus mentes los queridos recuerdos de un feliz pasado en las zonas floridas de un Paraíso Terrestre perdido. Los sobrevivientes del gran Continente MU-TOLTECA, los hombres de la piel color rojo oscuro, vigorosos en el arte y en la ciencia, deben decir también ellos adiós a aquella retorcida tierra que queda a sus espaldas ahora ya agonizante y destinada a desaparecer por el inexorable descenso de sus bases en gran parte golpeadas por el inmenso choque.
El Océano Pacifico del Sur y Central ahora ya ha extendido su imperioso dominio.
De esta manera comienzan el éxodo, dirigiéndose hacia las costas occidentales de América del Sur y Central (Cordillera de los Andes al Sur, Altiplano de Méjico al Centro).

Los que sobrevivieron de piel color oro, sin embargo, considerando imposible sobrevivir por la acuciante formación de los glaciares, comienzan el éxodo hacia el Sur abandonando a la dura suerte aquellas inmensas tierra cargadas de afectos, de alegrías y de dolores (Groenlandia, Islandia, Tierra de Baffin e Islas circundantes), entonces formando parte de un único bloque con la actual gran isla. Sus metas son las zonas del Labrador, Terranova, Escocia.
Otros grupos en cambio, se dirigen a los extremas costas orientales, in este tiempo adheridas a las actuales costas Escandinavas, o hacia las alturas de los Alpes Escandinavos y de la Gran Bretaña del norte, en este tiempo unida a América Septentrional con Terranova.


Los supervivientes de la piel color marrón, del gran continente africano, permanecen aunque atrincherados en las zonas más altas, sobre su tierra que el cataclismo ha desfigurado menos que la de los demás.
Las actuales regiones de Guinea Septentrional y Meridional al occidente, y las actuales Etiopia, Kenya, Tanganica, Mozambique, Madagascar e Islas de alrededor, en estos tiempos formando parte de un único bloque con África y Australia, son las metas consideradas más seguras para la supervivencia de sus criaturas.

Finalmente la raza color mimosa, la que fue más golpeada por la desventura, debió hallar refugio en el interior de aquella nuevas tierra emigradas de los casquetes polares del norte, buscando la seguridad en las inmensas alturas. Abandonando así aquello poco que quedó del grande continente CIÀ y que los había salvado del furioso, tremendo impacto (actuales Islas Filipina, Borneo; China Oriental y Japón y las islas de alrededor entonces unidas). El Tibet y las alturas de China son sus metas, mientras otros se dirigen hacia las tierras del Himalaya.

El geoide retoma su normal rotación alrededor del nuevo eje, manifestando la normalización completa del equilibrio de su masa.

Pasan milenios y milenios.

Recomienza así el Séptimo Desarrollo de su vida. Los pueblos crecen y si en un primer tiempo se demostraban reacios a dejar la grandes altitudes donde sus antepasados encontraron refugio y salvación transmitiendo de generación en generación la terrorífica historia de los apocalípticos advenimientos, la necesidad de dirigirse más allá estimula a los más audaces a descender a los valles, que las aguas han dejado libres en gran parte. Algunos se dirigen hasta alcanzar las orillas del mar.

Las noticias de mejores condiciones climáticas y de abundante riqueza vegetal y animal llaman la atención de todos y, olvidándose de las antiguas tradiciones, abandonan las altas montañas para construir una mejor vida en los ricos valles de la tierra.

Así tiene comienzo el PERIODO PRELEMURIANO que marca para la naciente nueva humanidad el regreso a aquellos principios generales que deberán después, a través de milenios de milenios alcanzar el nivel de nuestros tiempos.
El Periodo Prelemuriano señala una característica arquitectura mastodóntica. El temor estimula todavía un atávico recuerdo. En ellos no se ha extinguido la escena apocalíptica y construyen las grandes ciudades protegidas por enormes murallas y por ídolos igualmente mastodónticos como para querer preservarse de sucesivos negativos advenimientos.

Los pueblos de piel color rojo oscuro se extienden siempre más hacia las costas de América Sur-oriental, y Sur-occidental mientras la raza de piel color dorado se mueve hacia Europa Central y Occidental; otros grupos hacia América Septentrional y Oriental. También el pueblo de la piel color marrón y el de color mimosa se extienden en los diferentes territorios rodeados de alturas.
Mientras tanto el geoide se ha completamente asentado, pero no del todo.

La nueva humanidad ahora ya lejana de los antiguos días mueve sus primeros pasos hacia una floreciente civilización. Pero he aquí, que un nuevo torbellino avanza: La lenta pero inexorable dilatación del geoide deberá crear todavía desastres y choques.

Las grandes zonas de tierra que unían América del Sur con África y sobre las cuales se han encontrado por primera vez el Pueblo Negro con el Pueblo Rojo, comienzan a dar signo de inestabilidad y de agrietamiento. En periodos distantes el uno del otro, se verifican enormes explosiones con aperturas de enormes abismos; las aguas hallan paso libre, penetrando a través de las nuevas hendiduras forman grandes quebradas, listas para saltar hacia adelante. Parece como si las islas se movieran de sus lugares. El extremo borde de América del Sur abandona el África, dejando libres las aguas de penetrar siempre más en las hondas hendiduras amenazando seriamente las islas de ser sumergidas. Las poblaciones, previendo suertes peores, abandonan las zonas de tierra vueltas ahora ya pequeñas y peligrosas, refugiándose en las costas de África y en las costas de Sudamérica en búsqueda de seguridad.

Ahora ya el tiempo ha marcado cada cosa y, a través de miles de millones de años, lo que debe suceder sucederá: La Deriva de los Continentes, aunque lentamente, ocurre imparablemente. (Figura 27).

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Figura 27- Los pueblos del Periodo Prelemuriano.

Los pueblos se vuelven siempre más numerosos y las necesidades de descubrir nuevas tierra hace pioneros a los hombres más fuertes. Los escapados de las Islas de Lemuria, saliendo hacia el norte, bordean en parte África y en parte América del Sur, conocen y se unen a otra gente más evolucionada en el arte y en la ciencia.
La unión de la raza de piel color rojo oscuro con la de color bronce da vida a una nueva raza, llamada RAZA LEMURA.

Mientras tanto América Meridional se ha separado de África por el extremo sur (actual Tierra del Fuego) hasta la altura de Angola (África) permaneciendo todavía ligada a las tierra de Brasil el actual Zaire, Venezuela y la Guyana (América del Sur) a las tierra del Senegal, las Guineas Francesas, Liberia, Costa del Oro y Nigeria. Las pequeñas islas lemurianas desaparecen para siempre bajo las aguas. Las grietas son cada vez más extensas y más profundas mientras las aguas irrumpen en grandes cantidades e impetuosas desde el sur hacia el norte.

Pasan muchísimos años todavía y los pueblos de la piel color oro se aventuran siempre más hacia el sur penetrando en las perdidas y desconocidas tierra de la Alta Atlántida (hoy océano Atlántico del Norte). Otro tanto hacen los hombres de la nueva raza, hijos de los Lemurianos, vueltos fuertes y valerosos.

Estos fueron los más grandes en ciencia y arte y su piel ya no es negra ni roja oscura, sino más bien castaña rojiza. Estos, provenientes de América Central y Meridional, se dirigen hacia el noroeste penetrando también en las inmensas pradera desconocidas de la Atlántida Central (hoy el Océano Atlántico central).

Los pueblos se desplazan rápidamente en la esperanza de encontrar mejor fortuna.

Desde el actual Méjico, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Guyana, Brasil multitudes de pioneros parten a la aventura. Así primeramente los hombres de piel color marrón rojiza alcanzan una gran franja de tierra del Continente Atlantideo.

Alcanzan las costad de África (Río del Oro y Marruecos) hasta tocar las costas de Angola bañadas por el creciente Mar Atlantideo. Pero permanecen todavía por explorar las inmensas llanura de tierra riquísimas de vegetación, estando estas compuestas por profundos valles que desde el sur van hacia el centro hasta la actual Terranova, Inglaterra, zonas primitivas de los pueblos de piel color oro.

Más hacia el norte la gélida Groenlandia todavía unida a las tierras del Alto Canadá y de Escandinavia, hace de dique natural a las presionantes aguas del norte.
A medida que los pioneros del pueblo rubio se adentran más hacia el Sur y hacia el Norte de Europa, los de la piel color marrón rojizo se extienden cada vez más en todas las direcciones de la Grande Atlántida, dirigiéndose hacia el noroeste.

Esta inmensa Tierra, la más rica de todas las tierras del mundo sobre la que pesa un trágico destino, es el punto de encuentro entre las dos razas desconocidas: La rubia y la cobriza. (Figura 28).  


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Figura 28 – Los pueblos en el periodo Lemuriano.

En este periodo suceden tumultos, guerras, sumisiones. Pero un gran ser surge del encuentro de las dos razas: El Ser Atlantideo: Físico robusto, color de la piel rosado oscuro, alto, de despierta inteligencia y con capacidades impresionantes.

Ha nacido el Rey de Reyes en un nuevo paraíso terrestre.
De la ascensión de esta nueva raza nace la más potente generación que esta humanidad recuerde. Durante el periodo pre-Atlantideo numerosos medios provenientes del espacio externo si posan sobre algunas alturas. Tienen la forma de Huevo Luminoso (disco volante). Los ocupantes de estos medios poseen Virtudes Psico-físicas-Espirituales y se llaman: HIJOS DEL SOL.

Son precisamente estos los que instruyen en el Arte Divino a los Atlantideos y lo hacen un pueblo poderoso. Desde los lejanos caminos del cielo se mueven los Espíritu Elegidos y, descendiendo sobre las Montañas de la Atlántida, traen a la Tierra la Sabiduría del Eterno Padre de todos los Cielos.

En Ellos está el Paraíso, en Ellos se refleja el Orden Universal, en Ellos existe abundante el Gran Conocimiento de la primera Semilla de todos los Conocimientos Visibles e Invisibles.
Ellos son la benigna mano de la Luz Divina y por medio de Ellos, Dios operó desde el Gran Logos que emana la linfa de la Vida, de la razón del Bien Infinito. Estos son llamados Dioses Solares y en homenaje a Ellos el pueblo adora a su primer, verdadero Dios: El Universo, la Gran Conciencia que crea con Su Eterno Amor y que ilumina los senderos infinitos de los Siete Cielos.

El tiempo se pierde en el infinito, centenares de millones de años pasan desde la primera alba de la humanidad en este mundo. Pero estuvieron, en el periodo Atlantideo, hombre de belleza Divina, venidos de un mundo lejano con discos volantes encendidos, semejantes al Gran Astro Solar.

Estos edifican el Reino de Dios sobre la Tierra, donando al fuerte pueblo Atlantideo una Sabiduría capaz de alcanzar las más altas metas del desarrollo Espiritual y Material.

Son Ellos los Seres Divinos de Dulcísima mirada, Maestros del Arte Universal, conocedores de la Profunda Ciencia, Doctos en el Arte del Visible y del Invisible. Estos son adorados como Dioses Solares y por estos son edificados templos de maravillosa belleza.
Los Atlantideos están bajo el amaestramiento de estas Divinidades venidas del Espacio Profundo de los cielos y en breve tiempo gran parte de este pueblo se vuelve el más poderoso y el más rico de la Tierra.
El Secreto de las más valiosas Iniciaciones está reservado a aquellos que deberán después volverse los herederos de las Virtudes Celestiales.

Este primer periodo que dura miles y miles de millones de años, está caracterizado por eventos grandiosos. La ciencia, el arte y el comercio tienen un desarrollo grande y floreciente, mientras la Ética de este pueblo alcanza cotas tan altas de ser comparada con la Ética perfecta del Espíritu.
Grandes metrópolis nacen por todas partes con diseños de incomparable belleza del arte vuelto admirable por la delicadeza en oro fundido, que los Divinos han construido con gran facilidad con tu arte atávico. Una de estas Grandes Ciudades surge en una altura plana al Noreste de la actual Isla de Cabo Verde. En una elevación de esta Gran Metrópoli se muestra majestuoso el más grande y rico Templo de todos los siglos. Todo él en oro, está rodeado por jardines inmensos y fragantes y por otras miles bellezas. Residencia del Jefe Espiritual del gran pueblo Atlantideo, es meta de todos aquellos que tienen la fortuna de aprender con Amor la Cordura Divina y las enseñanzas de Su Gran Obra.

Las caravanas numerosas van y vienen, partiendo unas veces de las costas africanas y otras veces de las costas americanas. El comercio se extiende incluso hasta la baja Europa sur-occidental (actual Portugal, Francia, Alemania).

El Paraíso de dios se establece en este tiempo sobre la Tierra.

Una gran colonia fuerte y prospera se desplaza hacia el Oriente, edificando una gran metrópoli en el bajo Nilo (actual Egipto), haciendo de estas tierra zonas riquísimas, extendiendo siempre más su dominio sobre las bastas y desiertas llanuras del Alto Egipto y del África Sur-oriental y Sur-Occidental. En esta última zona se edifica el Tempo de las Tres Puertas de Oro, llamado también el Templo de la Sabiduría.

El desarrollo de las cualidades psíquicas de este pueblo es tan potente como para permitir las facultades más amplias de la Potencia Espiritual.
El constante equilibrio Espiritual-Corporal es una educación asiduo y vigilada por este pueblo ahora ya en el ápice de la evolución. La Ciencia de la Alquimia, de exclusivo dominio de la Casta Sacerdotal de los Dioses Solares, permanece en secreto para el pueblo y aún hoy los hombres se afanan vanamente para convertir este arte exento de misterio.

Tal periodo histórico dura más de un millón de años y concluye hace unos 12.000 años aproximadamente. La atmósfera es más densa que la de hoy como también el agua es más fluida de cuanto no es hoy.
Al final de este primer periodo ha sucedido un fatal acontecimiento que el tiempo había madurado poco a poco. De nuevo una vez más África y América tienen un desgarro de alejamiento.

Dura mucho tiempo la trágica pero lenta deriva de las dos inmensa zonas de Tierra.

Los abismos se vuelven cada vez más largos, tanto como para permitir siempre más a las aguas de penetrar y de extender su dominio.
Las partes más bajas de aquella tierra son invadidas por las aguas.
El Sur de este Gran Continente se vuelve un grupo de grandes Islas rodeadas por la prepotencia de las aguas en continua agitación.
Tales acontecimientos señalan el final del primer periodo Atlantideo y el inicio del Segundo Periodo, arrojando confusión y desesperación en aquel paraíso que los hombres habían construido.

POSEIDÓN resiste tenazmente el continuo dilagar de la involución de las almas por las exhibiciones sexuales, que ahora ya han corrompido gran parte de aquel pueblo, extendiéndose rápidamente hacia el norte.
Sectas secretas nacen con mujeres a la cabeza  sin escrúpulos morales y en el cuerpo, apresando al ingenuo y puro individuo que por mera aventura entra en contacto con estas sectas.

La intervención de los iniciados no logra destroncar la ahora ya monstruosa degeneración físico-sensitiva. Luchas sanguinarias se suceden durante largo tiempo poniendo bajo  el látigo de la destrucción aquel cálido lecho que los antepasados llamaron: El Paraíso Terrestre.

Pero la Gran Voluntad del Viejo Anciano de los antiguos días da al mundo la iniciativa de poner final al dilagar continuo de los tremendos vicios degenerativos.

Sucede que la gran Groenlandia, entonces unida a los actuales continentes nor.-orientales (Escandinavia) y nor.-occidentales (alto Canadá) barrera natural a las presionantes aguas del norte, comienzan a dar signo de movimiento provocando inmensas grietas siempre más grandes por el continuo movimiento migratorio.

Las aguas, encuentra modo de filtrarse a través de aquellas enorme hendiduras, se precipitan hacia el sur, provocando las inundaciones de la Alta Atlántida y sumergiendo gran parte de aquel territorio, por su naturaleza muy bajo y muy mucho respecto a las aguas nórdicas.
Groenlandia abre las puertas y mientras esta va a la deriva, las furiosas aguas incontenibles invaden cada vez más el Continente mezclándose con las aguas del Sur. Esta segunda catástrofe sucede alrededor de 200.000 años atrás.
El mapa (Figura 29) ilustra la situación del periodo que va desde 200.000 años atrás hasta hace 12.000 años.


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Figura 29 – Los Atlantideos y la Raza Negra.

Tal situación en el tiempo cambia ligeramente a causa de una nueva catástrofe.
De la Atlántida permanecen no más que pocas islas aquí y allá diseminadas en el inmenso actual océano Atlántico.
Muchos perecen y otros huyen al fatal destino.
Ahora ya el mar se ha vuelto dueño de la tierra más rica del globo.
Pasan miles de años y la Gran Isla del Sol, Poseidón, fuerte e incansable en la Obra del Espíritu y de la Cordura Divina, brilla más que nunca como queriendo decir a los hombres perdidos que Dios, en ira por la obra nefasta que los hombres han hecho, promete a las fuerzas de la materia y de los elementos de obrar destrucción y muerte. Muchas son las ovejas descarriadas que vuelven nuevamente al Arte de la Paz y del Espíritu. Por ello sucede todavía otra catástrofe alrededor de 75.000 años atrás.

Mientras tanto los Elohim, a través de los Ejecutores de Sus Voluntades, actual la ultima intervención genética sobre las razas humanas.
Por ello y para intensificar las relaciones y los controles sobre el Planeta Tierra, los extraterrestres hace 175.000 años sitúan sus bases sobre el satélite Luna.

De esta bases sucede una correspondencia de observación que se desarrolla de forma definitiva alrededor de hace 15.000 años, colocando un instrumento sobre nuestro planeta, con capacidades de memoria excepcionales y con una Cualidad Transformativa de la Energía Solar en Energía Biodinámica o Bioritmica.

En tal instrumento se injerta un programa respecto a la evolución del hombre y de los flujos y reflujos de los elementos naturales en armonía o en desarmonía con la Conciencia de esta humanidad. Tal instrumento (figura 30, llamado ZED, está puesto en el interior de la Pirámide de Keops (Egipto) y en otras, repartidas en los diferentes continentes actuales.


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Figura 30 – El ZED.

Este está en Directo Enlace con el Programado Principal del Planeta, puesto por los extraterrestres en una de sus Bases-Continente en el interior de la Tierra, grande como cuatro veces el actual territorio de España y exactamente en el Centro de la Mítica Ciudad de El-Dorado.

EL-DORADO, aún permaneciendo hasta hoy como el milagro y el sueño inextinguible de numerosos exploradores, no ha nacido de la calenturienta imaginación de algún sonador, no es fruto de la fantasía, no es un mito ni un simbolismo:  El-Dorado existe realmente, como una ciudad de ciencia ficción, forjada en oro purísimo, construida hace mucho tiempo antes de la desaparición de la Atlántida, antes aún que los habitantes de aquel continente degenerasen usando la ciencia y los medios recibidos por los Confederados Intergalácticos, Señores de la Luz, con características multidimensionales.

Su Base Operativa estaba colocada en la Isla de Poseidón con la labor de instruir a los Atlantideos sobre la Ley Cósmica y de realizar los presupuestos ideales con el objeto de alcanzar la Integración del Planeta en la Confederación. Su progresiva degeneración impidió tal proyecto.

Algunos Atlantideos realizados, no contaminados por la degeneración, fueron, por elección personal, destinados a poblar El-Dorado. A otros, no suficientemente idóneos, les fue concedido el poder emigrar, antes de que se verificase el cataclismo, hacia Oriente y hacia Occidente.
Actualmente en El-Dorado existe una fecunda colaboración y una imponente actividad con el objeto de salvar el planeta de una catástrofe nuclear.

La Ciudad de Oro es una parte de aquel Paraíso Terrestre, otro mítico lugar de bíblica memoria, perdido para la humanidad, y tiene vida propia, independiente de la vida de la superficie, alimentada por le energía de un Sol Artificial que emana Luz Dorada. Esta se encuentra en el corazón del planeta, con una rica y exuberante vegetación, con lagos y ríos de agua cristalina Purísima, con animales serviciales y mansos, con edificios confortables vigilados por estructuras de seguridad de ciencia ficción contra eventuales actos vandálicos de los terrestres, e instruidos por dinamismos particulares.

Sin embargo Eldorado no está totalmente aislado del resto del planeta: Esta tiene numerosas vías de comunicación, largos y comodísimos túneles que permite a los sofisticadísimos medios, de los que dispone la Ciudad de Oro, de alcanzar la superficie.
Las Principales Salidas, las que son más comúnmente utilizadas por sus habitantes para sus misiones, son los dos Polos.

Cuando esta dos salidas no están abiertas por están presentes los hielos, utilizan las salidas secundarias que existen en muchos puntos de la Tierra, entre las cuales las más activas se encuentran en el Triangulo de la Bermudas y en el Lago Titicaca en Perú. En Eldorado existe incluso un cosmo-puerto capaz de acoger numerosas naves espaciales provenientes de los espacios externos.

Algunos exploradores de nuestro tiempo, por ejemplo el Almirante de la Marina Militar USA Richard E. Byrd, aventurándose en las inmensas llanuras de hielo del Ártico y del Antártico en la búsqueda del punto focal de los polos, cuentan se haberse introducido en una población de gigantes y de haber penetrado en rozas ricas y exuberantes de vegetación ciertamente no polar e iluminados por una brillante luz dorada proveniente de una fuente desconocida para ellos y acariciados por un clima suavísimo de eterna primavera (Figura 31).

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Figura 31 – Una de las muchas interesantes piedras, pertenecientes a miles de años atrás, descubierta en la ciudad de ICA, en Perú. Se aprecia la representación aérea de dos continentes internos: Agartha y El-Dorado.

Naturalmente sus narraciones han sido tomadas por fantasías y alucinaciones.
Queda el hecho de que la ciudad de Eldorado ha sido construida a propósito para el estudio evolutivo del hombre terrestre pero sobre todo para iniciar a todos aquellos individuos, sondeados y programados, capaces de gobernar cuerdamente y silenciosamente la futura humanidad del Tercer Milenio.
Actualmente el pueblo de El-Dorado está compuesto en su gran mayoría por terrestres cuidadosamente elegidos, vivientes en fraterna comunión con los habitantes de otros planetas que forman parte de la Confederación.
Las coordinaciones de todas las estructura sociales son confiadas a científicos entre los cuales está el eminente físico Ettore Majorana y otros colegas suyos, desaparecidos misteriosamente de la superficie terrestre.

Con estos, trabajan otros científicos de la Confederación, a los cuales les ha sido otorgado la tarea, un mañana, de dirigir y regir la evolución científica del planeta.

En la Ciudad de Oro no existen ni tempos ni iglesias, no se realizan ritos ni se siguen cultos porque la ley, la religión del pueblo de El-dorado es: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
 La Justicia, la Paz, el Amor y la Fraternidad son el corazón de cada habitante.
El-dorado en el futuro re-emergerá. En un futuro ahora ya próximo reemergerá del corazón del planeta para acoger el nuevo pueblo y la nueva civilización, mientras que las tierras de la actual civilización conocerán las profundidades de los abismos en el cíclico alternarse de la Ley de Flujo y Reflujo, como Purificación y Renovación de toda cosa.

Es cierto que el Poder de este Reino es inviolable, vigilado como lo está por una Ciencia y por una Técnica que supera la más encendida fantasía de ciencia ficción humana.

Regresemos ahora al Ultimo Periodo Atlantideo, o sea, al tiempo en el cual el arte de la guerra embrutece a un gran número de hombres que, privados ahora ya del sensato Amor por el prójimo, afila sus armas en las alturas de las costas americanas del sur presos de los delirios contrarios y sanguinarios.

Los ataques continuos y salvajes someten bajos sus leyes sanguinarias a gran parte de aquel pueblo, que había regresado a la Leyes Atávicas de los Antiguos Maestros venidos del Cielo. Pero la lucha, aunque tremenda, es contenida durante muchísimos años más allá de la Gran Isla de Poseidón, Isla Sagrada donde el Templo de oro fundido brilla como un sol chispeante.

El tiempo se vuelve adverso y las hordas salvajes y embrutecidas del arte de la guerra, obligan a entregarse al resto y ahora ya diezmado pueblo Atlantideo. Muchos huyen hacia Oriente (actual Egipto), llevando consigo la historia inmortal del mundo y de los más Elevados Conocimientos del Arte Divino del Espíritu.

Los invasores, ocupan las islas, consolidan sus templos de sangre y de horror persiguiendo a aquellos que quieren, a pesar del supremo sacrifico, gritar todavía su fe en el Arte Celestial.
Al mismo tiempo también los moros y algunas tribus rubias establecen alianza con los conquistadores de las islas. Lar hordas se suceden en el flash lujurioso de incontenible bajeza edificando la más pobre de todas las involuciones de todos los tiempos.

Los huidos tienen como meta la grandes llanuras del Nilo y reencontrando sus hermanos ahora ya patrones de aquellas tierra tienen asilo y juntos instauran los Grandes Principios que la suerte adversa ha puesto ha dura prueba. Volviéndose potentes y, esta ver, armados y vigilantes ante eventuales iniciativas de aquellos hasta hoy enemigos.

Las islas conquistadas se han vuelto ahora la meta de comitivas de sanguinarios y de seres impetuosos y salvajes. El delirio del sexo, de la lujuria, de la materialidad y del sensualismo drogado, ha vuelto débil toda iniciativa de ellos tambaleándose como locos en sus propias amarguras.

Numerosos Iniciados, entre los cuales un Genio Cósmico llamado el Viejo Anciano, intentan por ultima vez redimir aquel pueblo ahora ya sobre la vía de la perdición, pero su intento resulta vano. De hecho aquel Genio Solar, por ejemplo, es perseguido, torturado, y Él, aún teniendo, a causa de estas torturas macabras, el cerebro fuera del cráneo, demuestra de ser un Espíritu Patrón de la Vida y de la Muerte. Muchos hombres huyen aterrados por esta visión y Él, el Anciano, después de haber bendecido al único joven que quedó a su lado, lanza la triste profecía de la última y definitiva destrucción de la Antigua tierra de la Atlántida.

El joven, de nombre BARATH, es enviado  tiempo antes de la catástrofe a la lejana tierra de oriente: El actual Egipto.
En esta tierra comienza la enseñanza Espiritual, moral y social para todos los hombres: de hecho es llamado por el pueblo el Tres veces Grandísimo.

La tierra de la Atlántida es destruida por la caída de uno de los dos pequeños asteroides que rotan alrededor de la Luna que, perdiendo la orbita a causa de una onda magnética anormal generada por los Interpretes de la Divina Justicia, impacta con el Continente destruyéndolo completamente, permaneciendo después sumergido por las aguas.

El más pequeño de los dos asteroides cae de hecho hace 12.000 años sobre el Océano Atlántico, haciendo sacudirse al planeta y provocando el lento pero imparable hundimiento del Continente Atlantideo compuesto de grandes islas que desde la actual costa africana se extienden hasta las costas de América Central y  Meridional. Las aguas han sido notablemente sacudidas y las partes bajas de la superficie terrestre son parcialmente sumergidas.

Antes de que el núcleo Ígneo-Cósmico se asiente definitivamente, ha sucedido ulteriores sacudidas tales como para provocar maremotos de notable intensidad y olas de hasta 175 metros.

Una de las últimas debe relacionarse con la construcción del Arca de Noé. El flujo y reflujo tienen poca duración. Gradualmente las aguas alcanzan el normal asentamiento dejando reemerger la tierra sumergida. Muchas ciudades costeras son en parte destruidas por las titánicas furias de las aguas y otras son sepultadas por el fango, los restos y demás.
Hoy, es fácil descubrirlas si se quita el espeso y duro manto que las cubre. No fue por lo tanto la lluvia la que provocó esta global catástrofe. Las crisis periódicas de asentamiento de hecho provocan oscilaciones ondulatorias de este hacia el oeste y viceversa, con los consiguientes flujos y reflujos de los océanos y de los lagos elevando olas anormales hasta los 175 metros y con un poder de penetración sobre la superficie terrestre de varios kilómetros.

Así tiene su fin el potente reino de los Atlantideos que la historia ha escondido en el abismo del tiempo y en las alas del espacio, donde el hombre roza con su alma, con su inteligencia y con tu amor, un pasado, que aún desconociendo le pertenece.
Por lo que respecta al Arca, habría mucho que decir, como también habría que decir de la real personalidad de Noé o de otros contactados o mutantes.

El eterno pasado y el eterno futuro viven en el eterno presente. Deberéis descubrirlo y, si es necesario, experimentarlo nuevamente. Entonces y solo entonces estaréis en grado de no violar un orden que os supera, de no turbar los equilibrios vitales de la Armonía Cósmica.

Podría repetirse y con un “ARCA” que no conocerá las aguas.  



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